viernes, 20 de marzo de 2015

Más máquinas ¿más desempleo?

Seguramente muchos han visto la película Charlie y la Fábrica de Chocolate dirigida por Tim Burton y basada en el homónimo libro del autor británico,Roald Dahl. Si bien la historia gira en torno a Charlie Bucket, el único hijo de una familia muy carenciada y de inconmensurables valores morales, yo me centraré en lo acontecido con su padre, el Señor Bucket, quien trabajaba en una fábrica de dentífrico enroscándole la tapa al producto hasta que un día –bueno o malo, cada uno lo juzgará luego- pierde su empleo como causa del avance tecnológico en su industria, el cual logró reemplazar sus funciones por una máquina mucho más eficiente que podía enroscar cientos de tapas por hora a diferencia de las pocas decenas que lograba el papá de Charlie. 

Una vez ocurrido esto,la familia pelea día a día para cubrir sus necesidades básicas, con un voluntarioso Señor Bucket realizando cada labor que se le ofrecía para poner un plato de sopa en la mesa, y nadie mejor que la Señora Bucket para hacerla rendir agregándole cada vez un poco más de agua pero aun así seguía siendo deliciosa, según su esposo.

Visto lo sucedido en la popular historia, uno no puede evitar juzgar la avaricia del dueño de la fábrica, quien no se detuvo a pensar en sus empleados ni en sus familias a la hora de desplazarlos de sus tareas con tal de reducir sus costos de producción. Por lo visto esta actitud no trajo más que desempleo y desgracia, parece difícil de explicar, entonces, cómo fue que mientras la tecnología no paró de avanzar en los últimos siglos, se crearan a la vez millones de trabajos que no solo redujeron el desempleo sino que además mejoraron las condiciones laborales y su paga de manera increíble. El problema aquí radica en mirar la imagen muy de cerca, logrando que el árbol nos tape lo que sucede en el bosque.

Sí, lo primero que vamos a ver si miramos un caso como este es la destrucción de un empleo, pero es conveniente alejarnos un poco y mirar con mayor atención: en primer lugar, sin ir más lejos, algunos empleos se crearon para la construcción de la nueva máquina, la cual a su vez requirió de materiales para ser elaborada y, en este sentido, podríamos retroceder de manera tal que veremos cómo se ve beneficiado hasta el minero encargado de la extracción del hierro necesario para la elaboración de aquella. Luego, hay que tener en cuenta que debido al ahorro que el dueño de la fábrica obtiene gracias a la máquina, ahora este se encuentra con nuevo capital disponible para incursionar en nuevas industrias, y, evidentemente, un nuevo emprendimiento se traduce en nuevos empleos.  Además no hay que olvidar que la disminución de los costos de fabricación del dentífrico abarata el producto final también, por lo cual ahora los consumidores tienen un mayor capital disponible para nuevos gastos de consumo, como por ejemplo, el hilo dental, lo cual elevará la demanda de este haciendo que esta rama de la industria se expanda, y para ello necesitará nuevos empleados; sin contar además que esta reducción de costos hace crecer el salario de los trabajadores en términos reales puesto que con el mismo sueldo obtienen ahora más productos.

Como vemos, si bien en un comienzo se desplaza un empleo, por otro lado se crean muchos nuevos, de hecho la historia muestra que la mayor eficiencia gracias a las nuevas tecnologías en determinados productos no solo crea empleo en otros sectores, sino que además la mayor productividad, como se dijo, baja el precio del artículo, lo que incrementará la demanda del mismo puesto que es ahora accesible para personas que antes no podían disfrutarlo, por lo cual, esta misma industria crece de manera tal que incrementará su número de empleados en comparación al momento en el que las máquinas no estaban presentes en la elaboración del producto. Como ejemplo de esto Henry Hazlitt utilizaba el caso de la industria automotriz en lo Estados Unidos, en donde a pesar de usar cada vez más avanzadas tecnologías para mayor número de tareas, debido a lo antes señalado, en 1910 el sector ocupaba a 140.000 personas, número que se triplicó llegado el año 1940.

Una vez entendido todo esto, lo único que resta es saber qué fue del Señor Bucket. Felizmente, el papá de Charlie fue recontratado por la fábrica de dentífrico, esta vez a cargo del mantenimiento de las máquinas.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Propiedad privada y desarrollo económico

La propiedad privada, institución cuya legitimidad es cada vez más puesta en duda por partidos políticos de izquierda alrededor del mundo, es uno de los pilares fundamentales de nuestra libertad. Pero al margen de esto, en este breve artículo quiero destacar porqué a medida que los países  más respetan este derecho, tienen una notable tendencia a convertirse en países desarrollados y a, por lo tanto, brindar los más elevados niveles de vida a sus habitantes mientras que los que no lo hacen le ponen una traba insuperable al progreso.

En un sistema de propiedad privada la innovación, si bien representa un riesgo, se ve fuertemente incentivada ya que si un nuevo producto es aceptado por los consumidores, al ser escaso pero demandado, sus precios serán muy altos lo que le dará por un buen período de tiempo enormes márgenes de ganancia al emprendedor que lo llevó al mercado, a la vez este elevado precio atrae a más empresarios que realizarán dicho producto para obtener la misma ganancia lo cual elevará la oferta, bajará su precio y saciará a la demanda haciendo ahora ese producto accesible para más personas, lo cual se traduce en un país con mayores riqueza y, a más riqueza mayor prosperidad en los ciudadanos. Pero de no existir la propiedad privada no tendría sentido este proceso, innovar simplemente representaría el riesgo de producir algún aparato que posiblemente no sea aceptado puesto que los potenciales beneficios no serán tangibles, por lo cual la creatividad estaría incentivada de manera negativa ya que ahora no representa un potencial beneficio sino un probable desperdicio de recursos.

Por lo dicho, ante la inexistencia de esta noble institución se viviría meramente con los productos fabricados en la era pre-abolición de la propiedad o imitando lo que por entonces existía, como se ve reflejado en cualquier fotografía de la vida cotidiana en Cuba donde se encuentran encerrados en el pasado como si a partir de la “Revolución Cubana” en los cincuenta jamás hubiera transcurrido el tiempo.
 
La innovación no se manifiesta solo en automóviles lujosos, avanzadas computadoras o los practiquísimos smartphones, sino que esencialmente se cambió nuestra manera de vivir elevando nuestro nivel de vida con la creación de, por ejemplo, nuevos medicamentos, haciendo que enfermedades que para nuestros antepasados fueron mortales sean para nosotros inofensivas, nuevas formas de conservación de los alimentos y más eficientes formas de producirlo haciendo de nuestra cena algo más accesible cada día, creando formas transporte que miles de años atrás eran impensadas estableciendo así puentes que unen los rincones más remotos del planeta. Todo esto logró que, por ejemplo, la expectativa de vida de los países en desarrollo aumentara, entre 1960 y 2005, de 45 a 65 años  y que la desnutrición, entre 1970 y 2003, pasara del 37 al 17 por ciento en los mismos países, siendo el pronóstico en la actualidad aún más alentador.
 
A su vez ¿qué incentivo existe para trabajar mejor si ante la ausencia de propiedad privada, así como por la innovación no hay ganancia tampoco la habrá por el mayor esfuerzo realizado? Dará igual destacarse entre los trabajadores que pasar desapercibido, no habrá recompensa alguna. Al respecto existe una famosa frase atribuida a trabajadores de la Unión Soviética, quienes decían “ellos hacen como si nos pagaran, nosotros hacemos como si trabajáramos”.
 
Aún teniendo el gobierno buenas intenciones y proponiéndose llevar adelante un modelo sin propiedad privada exitoso, resultaría imposible lograr una producción racional en este ámbito ya que debido a la ausencia de precios que esto implicaría, la oferta y demanda de los productos no se vería reflejada en ningún lado y los recursos serían inevitablemente desperdiciados, se manejaría totalmente a oscuras debido a la ausencia de señales. Pero independientemente de esto, los precios, además de esta irremplazable función que muestra fielmente tanto utilidad como escasez reproducida por medio de todos aquellos intervinientes en la economía, son un inmejorable incentivo al desarrollo y la superación, pero ante la ausencia de ellos como del derecho de propiedad, estos incentivos desaparecen y con estos el crecimiento económico, como podemos comprobar con tan solo buscar algunas imágenes de Cuba en contraste con Estados Unidos, Corea del Norte en contraste con Corea del Sur o bien la Alemania Oriental en contraste con la Alemania Occidental.
 
La libertad en el terreno de la economía transforma a esta en la democracia más perfecta que pueda existir, le otorga voz y voto a cada ciudadano, pero además le da la posibilidad a cada uno de recibir aquello que vota, a diferencia de las democracias políticas donde solo se puede obtenerse lo que la mayoría prefiere. Cuando el gobierno interfiere en este mecanismo, inmediatamente perdemos nuestra libertad de expresión en la materia puesto que nuestro voto -llamado compra- se encuentra en blanco, su información no será transmitida y, en consecuencia, los consumidores serán acallados.   

lunes, 9 de febrero de 2015

¿Distribución o creación? Esa es la cuestión

En el ámbito económico y político, existe una eterna discusión respecto de cómo disminuir –o en lo posible eliminar– la pobreza. Así, encontramos una gran parte de la sociedad que sostiene que el problema radica en una mala o injusta distribución de la riqueza, y que, por lo tanto, la desigualdad es un problema de suma importancia, pues refleja un defectuoso reparto de ella.
Imaginemos, por ejemplo, una torta de siete porciones, de la cual se alimentarán siete personas. Si cada una come una porción, habrá igualdad y, por lo tanto, no habrá pobreza.
Pero supongamos que una persona come cuatro porciones: esto implicará que las otras seis personas tengan que comer apenas media porción de las 3 restantes. Es decir que la mala distribución de la torta determinó que haya una persona que sobresatisfaga sus necesidades, a costa de las otras seis que pasaron hambre.
Para esta postura, la economía es, por lo tanto, un juego de suma cero, representado en el ejemplo por una torta de una cantidad limitada de porciones; en consecuencia, un desigual reparto determinará la existencia de pobreza, dado que lo que uno recibe de más le es privado a otro que no lo recibe. He aquí un grave error, ya que, en la vida, se puede cocinar.
En la realidad, las tortas pueden crecer. Si el panadero invierte en su producto, puede hacer que ahora la torta tenga, supongamos, 28 porciones y que quizá una persona coma más que el resto –digamos 10 porciones–, pero las otras personas podrán asimismo comer ahora tres porciones cada una, por lo cual –en comparación con el pasado– la situación, si bien es más desigual, es a la vez más beneficiosa para todos.
Si miramos hacia el pasado, algunos siglos atrás, notaremos que aquellos que mejor vivían eran los reyes, quienes tenían cientos de personas a su servicio, un enorme castillo para sus comodidades y cuanta comida desearan comer. Pero de manera muy distinta vivía la mayoría de la sociedad, cuyos integrantes debían trabajar muy duro e incansables horas para alimentarse. Sus casas eran precarias y carecían de las más mínimas comodidades.
Sin embargo, hoy la mayoría de las personas vive en buenas condiciones. De hecho, hasta los más ricos viven bastante parecido al resto de los mortales. Pese a las enormes desigualdades existentes y por más dinero que tengan, su esperanza de vida no es mucho más alta que la gente común y corriente. Ni siquiera sus comodidades son mucho mayores, ya que quizá manejen un auto de lujo, pero al fin y al cabo todos los vehículos cumplen la misma función. Quizá puedan comer caviar todos los días, pero el resto comemos alimentos en buen estado y en abundancia, los cuales sin dudas disfrutamos y satisfacen nuestras necesidades nutricionales.
¿Qué ocurrió para que haya cambiado tanto la situación respecto del pasado? ¿Los reyes distribuyeron sus riquezas? En absoluto, lo que sucedió fue que se ha creado riqueza cada año, incansablemente, sobre todo a partir de la Revolución Industrial. De esta forma, el nivel de vida se ha ido elevando –y lo sigue haciendo– pues, gracias a la innovación, la torta no para de crecer.
Por lo tanto, al ser el problema la pobreza –entendida esta como la carencia de recursos para satisfacer las necesidades básicas–, la solución no está en la distribución de lo ya creado, sino en la creación de lo aún no inventado.

miércoles, 21 de enero de 2015

Paka Paka: marxismo y adoctrinamiento a domicilio

El canal estatal infantil Paka Paka, el cual obviamente responde al gobierno, lejos de brindar información para que los niños crezcan y sientan curiosidad por aprender más, es utilizado para bajar ideologías políticas tergiversando la historia y, mediante el personaje de Zamba, un joven y simpático dibujo animado, convencer a las jóvenes mentes de entre 5 y 11 años aproximadamente de ciertas posturas emitiendo juicios subjetivos sin respaldo fáctico ni lógico alguno.

La situación es ciertamente indignante puesto que utilizan el dinero extraído de nuestros bolsillos para adoctrinar a criaturas que se encuentran aún en proceso de formación y que de esta manera jamás sacarán sus propias conclusiones sino que adoptarán las ajenas.
Recientemente en dicha señal estatal se tocaron dos temas de suma importancia; por un lado el comunismo representado por  Karl Marx y por el otro el capitalismo o liberalismo representado por  Adam Smith, quedando en evidencia la intención de dejar plasmada en la memoria de los niños la imagen de un comunismo –Marx-  justiciero, que lucha contra los ricos para acabar con ellos y darles a los carenciados lo que supuestamente aquellos les han robado, mientras que al capitalismo –Smith- se lo muestra como al responsable de que las personas dejaran sus felices vidas en el campo para mudarse a negras ciudades para trabajar excesivas horas por solo monedas, y mostrando un contraste final en el que los ricos se pasean por la hermosa ciudad de Londres con sus abrigos coloridos y sus fabulosos sombreros mientras que los niños caminaban con la cabeza gacha en grises trajes hacia las humeantes fábricas, cosa que Zamba le cuestiona al economista escocés a lo que este le responde con un sugestivo sorry.
Ahora bien, ¿el mensaje que dejó el programa se refleja en la realidad? Pues, sin lugar a dudas, la respuesta es un rotundo no.
Los hechos demuestran que a medida que más se alejan los países del capitalismo –entendiendo a este como libertad económica- más bajo es el nivel de vida de sus habitantes. Esto se vio reflejado en la paupérrima Alemania Oriental en contraste con el país más rico de Europa en ese momento, la Alemania Occidental, cuyos habitantes fueron criados de la misma manera, tenían las mismas costumbres, pero de un lado era el gobierno el que tenía la decisión en cuanto a producción y precios como así también respecto a la vida civil de sus habitantes, y del otro las personas gozaban de plena libertad de decisión tanto en lo económico como en su vida diaria. Pero los ejemplos no terminan allí, podemos ver el caso de los chinos que arriesgaban sus vidas frente a policías armados huyendo desde la opresión hacia la libertad ofrecida por Hong Kong, o bien podemos observar nuestro mismo continente, donde centenares de personas huyeron de esa isla-cárcel llamada Cuba hacia los Estados Unidos en busca de prosperidad cruzando 150 kilómetros en precarísimas balsas hechas con sus propias manos navegando por unas de las aguas más infestadas de tiburones en el mundo.  Evidentemente, si se está dispuesto a arriesgar tanto en busca de una salida, claramente muy bien no se la debe haber estado pasando.
Quizás Karl Marx estuvo realmente convencido de lo que proponía por más erradas que fueran sus ideas, pero hoy en día éstas son utilizadas como arma para acumular poder  por los populistas gobernantes cómo Cristina Fernández de Kirchner o Nicolás Maduro ya que a medida que más cosas se encuentren bajo su decisión, más personas dependerán de ella, por lo cual ésta adquiere un valor incalculable, luego los pagos por debajo de la mesa y los “amigos del poder” vienen por añadidura.
Por supuesto que la idea de una sociedad en la que la pobreza no exista es sumamente atractiva, y esa es la razón por la que el populismo levanta las banderas marxistas a la hora de recolectar votos ya que aquellos que proponemos la libertad como forma de vida no podemos asegurar tal cosa como ellos sin responsabilidad alguna ofrecen, pero lo que sí podemos afirmar es que ningún sistema en la historia de la humanidad ha sido capaz de crear tanta prosperidad, sacando a tanta gente de la miseria y llegando a duplicar la expectativa de vida de las personas como el capitalismo.
Muchas promesas pueden sonar muy lindas a los oídos pero no hay que dejarse llevar por ilusiones, es necesario tener siempre presente la historia y los hechos que en ella se reflejan y recordar que, como decía Karl Popper, “aquello que nos promete el paraíso en la tierra nunca produjo nada, sino un infierno”.

El autor es Analista de políticas económicas en el Centro de Estudios Libre.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Emisión Descontrolada, Recesión Anticipada. La inevitable pérdida del poder adquisitivo

Sin duda alguna la emisión monetaria es el recurso por excelencia del gobierno nacional, ya que de otra manera, en un país en plena recesión y con altos índices de desempleo, sería imposible darse con los gustos más impensables como sostener un programa de fútbol y una aerolíneas que en el primer caso deja pérdidas diarias que rondan los $4 millones y en el segundo ya tiene un acumulado que supera los $18.000 millones, como para dar dos pequeños ejemplos. Por supuesto que dichos pomposos servicios son pagados por “todos y todas” ¿pero cómo?
¿Qué ocurre con la emisión monetaria? ¿Cómo ese dinero que sale de una maquinita en cantidades astronómicas llega a las personas y cómo esto nos afecta?
 En primer lugar, hay que dejar en claro que el dinero emitido no se distribuye de manera proporcional entre todos los ciudadanos puesto que de ser así no existiría problema alguno. Por ejemplo, si se duplicara la cantidad de dinero de toda la economía pero este fuera distribuido de manera tal que aquel que ganaba $5.000 gane ahora $10.000, el que ganaba $10.000 ahora gane $20.000 y así sucesivamente, lo único que ocurrirá aquí será que ahora todos los precios  pasarán a ser de exactamente el doble, pero nuestro poder adquisitivo quedaría inmóvil ya que, como vimos, lo mismo ocurrió con nuestro salario ¿pero cómo funciona entonces?
 Evidentemente, luego de una fuerte emisión no veremos a los funcionarios del Banco Central repartiendo montones de dinero de puerta en puerta para que este llegue a la gente, sino que de manera discrecional, el gobierno le entrega dinero a determinados grupos de personas mediante préstamos baratos -que de otra manera no existirían- o de subsidios. Así supongamos que el gobierno le entrega, mediante un crédito extremadamente barato, dinero al sector productor de patinetas y a la industria del cine. Vemos entonces que el dinero les llega primero a unos pocos, quienes en este momento están siendo totalmente favorecidos ya que de repente se encuentran con más dinero que el resto y los precios aún no han aumentado, aunque no por mucho tiempo. Al haber más dinero en circulación para la misma cantidad de bienes y servicios, este baja su poder adquisitivo de manera paulatina, por lo cual aquellos que aún no recibieron parte de esta primera inyección de dinero se empobrecen a costa de los primeros beneficiarios.
Para comprender cómo es que el dinero pierde poder adquisitivo, imaginemos una partida de Póker con amigos. Son 6 personas en total y cada una de ellas compra 10 pesos en fichas con un valor establecido para cada una de ellas de 1 peso, es decir que hay 60 fichas y un pozo de 60 pesos. Al final del juego queda el ganador con el total de las 60 fichas, al valer cada una 1 peso, se lleva 60 pesos. Pero ahora supongamos que durante la partida un participante le sumó secretamente a su conjunto de fichas otras 10 que había traído de su casa, es decir que la cantidad de fichas en juego es ahora de 70 pero el pozo sigue siendo el mismo de 60 pesos. ¿Qué va a ocurrir? Llegado el momento en que haya un ganador que posea las 70 fichas que había en la mesa, intentará canjear cada una de ellas por el valor preestablecido de 1 peso por ficha  y será allí cuando se dé cuenta que el dinero del pozo no es suficiente para cubrir la cantidad de fichas, es decir que el valor de cada ficha pasa a ser menor. Esto ocurre con el dinero de un país, si existe una sobreproducción de dinero pero la cantidad de bienes y servicios es la misma, el dinero pasa a valer cada vez menos, y se necesita cada vez más cantidad del mismo para conseguir el mismo bien. 
Volvamos al ejemplo de la inyección monetaria recibida por el sector de las patinetas y de la industria cinematográfica.
Estos, comienzan a contratar a más personas para llevar a cabo la inversión de ese nuevo dinero y expandir así sus negocios, por lo cual podemos notar que en el comienzo de la época de expansión monetaria el desempleo caerá, ya que con ese dinero los sectores que lo recibieron contratarán trabajadores cuando antes no tenían capacidad para hacerlo. Ahora estos nuevos empleados cuentan con parte de ese nuevo dinero, siendo favorecidos, aunque en una menor proporción que los primeros, pero también podrán comprar a precios antiguos, aunque no tan bajos como lo eran antes. Se suman ahora más personas al grupo de los aventajados a costa del empobrecimiento de los demás que aún no ingresaron a la “fiesta”.
Los sectores beneficiados atrajeron muchos recursos humanos hacia sus producciones gracias al poder otorgado por el dinero en forma de billetes, pero luego de un tiempo el mando pasa a los consumidores, quienes muy probablemente no demanden los productos brindados por los sectores favorecidos. Al haber el gobierno otorgado el dinero a su antojo y no como hubiera ocurrido en el mercado, por medio de un proceso de oferta y demanda, los recursos seguramente han sido mal asignados, lo cual quedará en manifiesto cuando la gente no esté interesada en andar en patineta ni en ir al cine contantemente, y así los recursos humanos que fueron demandados en un comienzo y que actualmente se encuentran trabajando allí, quedarán obsoletos y serán insostenibles. Es aquí cuando comienza la etapa más dolorosa de este proceso: la recesión.
Para entender cómo mediante la creación irracional de dinero las cosas se vuelven ilógicas y contraproducentes quiero dejar un ejemplo final, dado por Juan Carlos Cachanosky en uno de sus ensayos, para simplificar lo explicado. En un sistema de trueque, si Pedro cavara un hoyo y lo tapara para luego intentar cambiarlo por 1 kg de carne, no tendría mucho éxito ya que en realidad no ofrece nada a cambio. Pero luego aparece un tercero, el gobierno, y decide darle a Pedro por haber cavado y tapado el hoyo $50 que acaba de imprimir, precio que supongamos tiene 1 kg de carne, por lo cual el muchacho ahora sí podrá obtener ese producto a cambio de nada y lo hace, como quedó explícito, a costa del resto de los ciudadanos que verán disminuir el valor real de su patrimonio.
A lo largo de la historia la mayoría de los gobiernos intentaron ir por el mayor poder posible, y en países de débiles instituciones como es el nuestro lamentablemente logran hacer lo impensado, contradecir a la lógica misma, pero siempre la historia termina igual, los que pagan son los ciudadanos.

El arma de la necesidad

Seguramente la mayoría de los lectores han oído alguna vez hablar de Robin Hood, un forajido arquero de la Inglaterra medieval que vivía muy cerca de Nottingham, según cuenta la leyenda. La historia varía dependiendo de quién la narre ya que no es más que un simple cuento que se pasó de boca en boca durante siglos, pero que sin duda alguna logró plasmar una frase como resumen de su obrar y, de cierta manera, como un ideal de justicia, ¡robo a los ricos para darle a los pobres!
Es probable que los primeros relatos sobre este mítico personaje del Bosque de Sherwood eran sus aventuras como justiciero que robaba a los bandidos – o bien al corrupto rey Juan I- para devolver el botín sustraído a sus verdaderos dueños. Pero lamentablemente ese no fue el mensaje que quedó inmortalizado, sino el de la mismísima justificación del robo al que más tiene siempre y cuando no tenga como finalidad acrecentar la propia riqueza sino que sea para entregar a los que menos tienen. En palabras de Maquiavelo, el fin justifica los medios.
¿Pero da igual practicar caridad con la riqueza propia que con la ajena? ¿Soy un ejemplo para la sociedad del cual pueda sentirme orgulloso si dono los $10.000 que mi vecino había ahorrado para refaccionar su hogar pero que yo muy “heroicamente” le sustraje? La famosa autora estadounidense de origen ruso, Ayn Rand, describió a Robin Hood mediante uno de los personajes de sus novelas como el doble parásito que vive de las llagas de los pobres y la sangre de los ricos, pero esta caracterización se hace extensiva además a nuestro gobierno nacional, el cual muy pomposamente afirma que jamás se ayudó tanto a los carenciados, pero mientras tanto la clase media está cada vez más fatigada como así también el sector agrícola e industrial, quienes deben mantener más de 64.000 millones de pesos en planes sociales, los cuales son cada vez más solicitados ya que el desempleo aumenta. 
Esto último nos hace pensar que no se lucha contra la pobreza sino que se hace política mediante ella, ya que de lo contrario el número de planes sociales que recibe la gente debería ser cada vez menor o nulo luego de más de diez años de gobierno, pero este no es el caso. Lo que se hace es acrecentar la necesidad de los ciudadanos para luego darles el pescado pero jamás la caña de pescar, puesto que de hacerlo quizás nadie los requeriría. Ejemplo de esto fueron los dichos de Alex Freyre quién sentenció que la gente con sida morirá en 2016 de no ganar el oficialismo, o bien el caso del gobernador kirchnerista de Tucumán, José Alperovich, cuando en referencia a las próximas elecciones alertó que "no vaya a ser que nos equivoquemos y que empiecen a falta remedios en los hospitales".
Immanuel Kant decía que la ilustración significa “el abandono por parte del hombre de una minoría de edad no biológica, sino mental”. Con esto el filósofo prusiano hacía referencia a la “incapacidad para servirse de uno mismo sin la ayuda de otro”. El oficialismo quiere asegurarse el lugar de ese otro, y así, con el afán de hacernos creer que es necesario para nuestra supervivencia, hace lo que tenga a su alcance persiguiendo la meta de ser imprescindible, y para lograrlo despoja a algunos de sus bienes y dinero, y a otros de algo no apreciable económicamente pero si moralmente como lo es la dignidad, el amor por el trabajo y la facultad de encargarse de uno mismo, en definitiva, la posibilidad de “Ilustrarse”.

Robinson Crusoe y la economía argentina

Es muy utilizado en materia económica el ejemplo de aquella historia de un naufrago inglés, llamado Robinson Crusoe, que pasó 28 años en una isla tropical. Particularmente lo he leído de Roberto Cachanosky y me fue dado en clase por distintos profesores como Alberto Benegas Lynch (h) y Adrián Ravier. 
Imaginemos a Robinson Crusoe solo en una isla desierta. Para sobrevivir, todos los días sube a la copa de un altísimo cocotero recolectando todos los días 6 cocos con los cuales tiene suficiente para comer durante esa jornada, pero no le queda energía para realizar ninguna otra tarea.
Un día se le ocurre que si construye una escalera podrá subir al cocotero sin esfuerzo alguno de manera que en poco tiempo conseguirá su alimento diario ¿pero qué comerá en ese momento si utiliza sus energías en construir una escalera? Robinson decide que durante 6 días comerá 5 cocos y guardará 1, así, llegado el séptimo día contará con un ahorro total de 6 cocos por lo cual durante esa jornada no deberá recolectar comida e invertirá esa energía en la construcción de una escalera.
Durante la semana siguiente nuestro naufrago nota que gracias a la nueva herramienta puede recolectar su alimento diario en solo minutos y sin que ello le genere cansancio alguno, por lo cual ahora podrá dedicarle trabajo a la construcción de una puerta para su cueva que lo resguarde de los animales salvajes, luego quizás pueda construir recolectores de agua para aprovechar el agua dulce de las lluvias, etc.
Como podemos ver a lo largo de la historia, Robinson Crusoe  fue mejorando cada vez más su nivel de vida gracias a las distintas inversiones que aquel ahorro inicial le permitió realizar. Mientras haya mayores bienes de capital, habrá más alto nivel de vida.
Exactamente lo mismo ocurre con la economía en cualquier país por más que parezca un poco más complejo. Si hay mayor ahorro, debido a la cantidad de dinero disponible, bajan las tasas de interés, de esta manera habrá mayor inversión, al haber mayor inversión aumenta el nivel de vida de la gente de dos maneras: primero por lo mismo que ocurrió con Robinson Crusoe, es decir, por la mayor disponibilidad de bienes que mejoren nuestra calidad de vida; y en segundo lugar porque al haber mayor inversión significa que se realizarán más emprendimientos por lo cual habrá más demanda de trabajadores y de esta manera el desempleo se reducirá enormemente. Pero recordemos que, por definición, sin ahorro no hay inversión.
¿Qué ocurre en Argentina? El ahorro está prohibido de facto. Con una emisión literalmente astronómica -una reciente investigación demuestra que con los billetes emitidos desde 2003 hasta hoy puede  recorrerse la distancia que separa a la Tierra de la luna- una insoportable inflación deviene de manera natural. De esta manera el que ahorra pierde el poder adquisitivo de su reserva con el paso de los días por lo cual se acude a los dólares, pero el mercado paralelo al cual recurre la mayoría de la gente está prohibido lo cual genera un riesgo de ir hasta 8 años a prisión, y en el mercado oficial estos son entregados por el banco central de a goteras y solo si se tiene como mínimo un salario de $8800 mensuales por lo cual se deja sin refugio alguno a la porción más necesitada de la población que no tiene otra que caer en un consumismo incesante si no quiere ver derretir el valor de sus billetes.
La historia de Robinson Crusoe nos dejó una moraleja: hasta que el gobierno no decida frenar el gasto público, la emisión monetaria y tome medidas fiscales serias que regeneren la confianza en nuestra moneda – en resumen, termine con la inflación-, en el país está prohibido el ahorro, ergo, está prohibida la inversión, está prohibida una reducción del desempleo, es decir, está prohibida una mejor calidad de vida.